Piel reactiva

Hablar de piel reactiva es hablar de un problema que si bien es cierto se puede dar a cualquier edad, no es menos cierto que son los niños de corta edad, sobre todo los que tienen entre 0 y 5 años, los que más la pueden padecer.

Una dolencia que, como siempre suele suceder en todo lo que tiene que ver con los trastornos de la piel, en muchas ocasiones no se tiene toda la información que se debería tener. Una información que nos va a ayudar a saber lo que es, a identificarla sin lugar a dudas y, sobre todo a tratarla así como a prevenirla en la medida de lo posible.

¿Qué es la piel reactiva?

La piel reactiva es una dolencia de carácter inflamatorio, la cual, si bien es cierto que es benigna y no es para nada contagiosa, no es menos cierto que tiene unos síntomas bastante concretos y que, de conocerlos debidamente, nos puede ayudar a identificarla a tiempo.

  • La piel de la persona que padece este problema está mucho más tirante de lo normal al haber perdido parte de su elasticidad.
  • La sequedad de la piel también es otro signo que conlleva este problema.
  • Como consecuencia de estos dos síntomas, la piel puede padecer un enrojecimiento que puede ir en episodios siendo más intenso en algunos momentos y menos intenso en otros.
  • La sensación de hormigueo, como si esa zona del cuerpo se hubiera dormido, también es un síntoma que evidencia la piel reactiva.

Estos síntomas pueden variar en cuanto a intensidad se refiere en función de la edad en la que estos se presenten.

¿Qué tratamiento hay para la piel reactiva?

En la inmensa mayoría de las dolencias en las que la piel es la protagonista, hablar de un tratamiento es hablar de algo que no siempre se ajusta a un determinado patrón. De todos modos, es cierto que existen soluciones que funcionan realmente bien que permite paliar estos síntomas.

Estas soluciones, siempre y cuando sean prescritas por el dermatólogo, suelen estar compuestas por lociones o cremas en las que la componente hidratante es la clara protagonista. Entre los componentes de estas cremas también suelen estar elementos emolientes así como antibióticos y antiinflamatorios.

No obstante, y como suele suceder en la mayoría de los casos, siempre es mejor prevenir los posibles brotes que podemos padecer. Una prevención que a pesar de ser sencilla no nos asegura el éxito total aunque sí minimiza bastante el riesgo de que estos aparezcan.

  • Hay que mantener la piel siempre hidratada a lo largo de todo el día sobre todo en épocas en las que las temperaturas son más bajas.

  • En la medida de lo posible, y sobre todo en niños de corta edad, hay que tratar de evitar que entren en contacto con prendas de vestir que incorporen fibras sintéticas.

  • La higiene personal, siempre que se pueda, tiene que hacerse únicamente con agua.

  • En el caso de utilizar cosméticos, estos tienen que incorporar la menor cantidad posible de elementos que puedan ser agresivos.